Parece que sólo la esperanza del hipotético iPhone (supuesto teléfono móvil de nuestra marca favorita) ha sido capaz de barrer a la Apple PDA del imaginario rumorológico colectivo de la comunidad maquera mundial. Ya puede Apple lucirse con la presentación de un nuevo concepto, que no modelo, de teléfono móvil para competir en un mercado que no parece nada propicio al tipo de estrategias que tan bien le están funcionado.
Diseñando iPods
La comparación obvia es el iPod. La historia dice que, contra todo pronóstico, Apple consiguió dominar un mercado muy fragmentado, del que expulsó a unos cuantos competidores realmente temibles. Y en el que cualquier entrada equivocada puede resultar en un sonoro fracaso.
Estos días, la revista Wired (www.wired.com) publica un artículo sobre el nacimiento del iPod en el que se cuentan muchos detalles significativos del proceso de diseño del producto. Hay muchos elementos que destacar, pues parafraseando al mismísimo Steve Jobs: el diseño no es el aspecto que tiene, sino cómo funciona.
Del artículo de Wired me llamaron la atención algunas cosas. Apple llegó a la conclusión de que los reproductores de música en el mercado eran malos productos y se decidió a mejorarlos en cada de uno de sus aspectos negativos: tamaño, velocidad de transferencia, calidad de sonido, capacidad de almacenamiento, dificultad de manejo…
Cada uno de esos aspectos condujo a decisiones de diseño que dieron lugar al resultado que todos conocemos.
Diseñando iPhones
En fin. Apple no inventó los reproductores de música, pero consiguió definir del algún modo el reproductor ideal, y la forma ideal de gestionar su contenido mediante el programa iTunes.
Pero, ¿podemos decir lo mismo de los teléfonos móviles? Es decir, ¿están suficientemente mal diseñados los teléfonos móviles disponibles como para que sea posible que Apple redefina el concepto y lograr un éxito comparable?
Es evidente que algunos de ellos, por lo menos, lo están. Mucha gente es tremendamente ineficiente manejando un teléfono móvil y esto no es algo achacable exclusivamente a la falta de habilidad. Sistemas de menú caóticos, mandos de control imprecisos, exceso de funciones, predominio del aspecto sobre la función y otros problemas de diseño, hacen que manejar algunos teléfonos móviles sea un auténtico calvario (sin meternos en tarifas, operadoras y demás zarandajas propias del sector).
Personalmente, una cosa que me molesta de los pocos móviles que he manejado es los confuso de las operaciones largas, que requieren más de uno o dos pasos. Llega un punto en que no sabes exactamente de dónde vienes y a dónde quieres llegar. Es muy posible que el primer fallo esté en el propio hecho de que esas operaciones sean largas. El segundo será, sin duda, la falta de información sobre lo que vamos haciendo.
Por resumir un poco: parece que sí hay un espacio para la mejora de los teléfonos móviles.
Interfaz no es solo pantalla
Ahora que se han visto prototipos del reproductor musical Zune hay quien ha hablado de que la interfaz, refiriéndose a la pantalla, supera a la del iPod. Por desgracia, para Microsoft, hacer una pantalla más bonita no mejora significativamente la interfaz. ¿Se puede mejorar la rueda táctil? Es muy difícil.
En los teléfonos móviles la interfaz estándar está compuesta por la pantalla y el teclado. Mucha gente parece soñar con la aplicación de la rueda táctil en estos dispositivos. Es una idea tentadora, pero quizá no muy afortunada. El teclado numérico sigue siendo muy fácil de usar para marcar números.
Donde sí parece que hay lugar, aunque estrecho, para mejoras es en el resto de controles. Sin embargo, hasta ahora parece que ningún fabricante, ya sea de teléfonos fijos o móviles, ha dado con una buena solución, oscilando entre las combinaciones esotéricas de teclado (donde yo trabajo los teléfonos tienen una tecla “fox” que sirve para todo, sola o en compañía de otras, les juro que se llama así) y la multiplicación de botones.
Uso y abuso
Un teléfono sirve para hablar. Si Apple consiguiese allanar el camino del usuario hacia ese objetivo ya habría logrado mucho. Pero toda llamada circula a través de una operadora. Este es el punto que más escéptico me hace. Me extrañaría que Apple optase por entrar a un dispositivo del que no controla la principal parte de la experiencia del usuario. Y tampoco controlaría mucho su distribución comercial ya que los terminales móviles van aparejados muchas veces a contratos de operadoras, de modo que el usuario final no toma la decisión de optar por un modelo u otro con libertad total.
Por eso, cabe preguntarse si el supuesto y deseado iPhone no podría plantear alguna novedad en este aspecto. ¿Qué ocurriría con un teléfono vinculado a iChat o a otros servicios de telefonía por internet? Suena muy sugerente, pero también muy complicado: ¿aceptarán las compañías telefónicas una crisis de su modelo comercial?.
Así pues, ¿podríamos esperar un iPhone? Actualmente hay muchos analistas que lo anuncian como cosa hecha, aunque parecen esperar poco más que un móvil bonito y extraplano. Pero los analistas no tienen ni idea de diseño y menos desde el punto de vista global de Apple, así que yo no les haría mucho caso.
Mi impresión es que hay espacio para un cambio de concepto. Pero es un cambio muy difícil de imaginar. Incluso para Apple.